T y c h é - Clínica Psicoanalítica

ESPAÑOL_______________________________AUDIO SEMINARIOS__________________________Tyche 2007-2014_____________________________________VIDEOS________________________________ENGLISH
Partimos de relevar la pertinencia de abordar el tema; y por varios motivos. De una parte porque ni en Freud y menos aún en Lacan hay una versión unívoca del concepto de inconsciente; de otra, porque no solo subsisten versiones pre-psicoanalíticas flotando en la cultura, adjudicadas en oscura referencia al psicoanálisis, sino también porque se reflotan por la vía de postulaciones de pretendida novedad cognitiva-conductual, esas viejas versiones que hoy, se dice, abrevan en las neurociencias.

Así retornan y pululan: el inconsciente de la sensación, el del automatismo del hábito, de la doble o múltiple personalidad, de la telepatía, del fondo arquetípico, de lo pasional, de lo hereditario, del “espíritu”, de lo subliminal. Versiones múltiples que no dejan, como lo advertía Lacan, de tener su pivote en la referencia invertida a la conciencia, como la captura imaginaria del yo por su reflejo especular.

Vale partir de la definición, recurso escasamente ofertado por Lacan, que propone en el escrito Posición del Inconsciente: “El inconsciente, es un concepto forjado sobre el rastro de lo que opera para constituir al sujeto”

Se trata de un concepto, tal vez deberíamos acentuar, como Freud y Lacan lo hacen, su condición de hipótesis. No se trata de la especie que definiría una realidad psíquica que no tiene el atributo de la conciencia.

Se trata de un concepto a ser sostenido como hipótesis en acto y que pone en juego las coordenadas de causación del sujeto. Ambas versiones, lo in-negro de la conciencia y la causación del sujeto, no tendrían sino una relación de homonimia.

Observemos que, en Freud, la condición de conciencia como elemento diferenciador, es postulada y a su vez sostenidamente puesta en cuestión. Dice en Lo inconsciente [1915]: “tendremos que aprender a emanciparnos de la significatividad del síntoma “condición de conciente”. Posible motivo de la construcción de su segunda tópica.

Siguiendo a Lacan y derivando a una perspectiva clínica, sostenemos que las operaciones de causación del sujeto: alienación-esquicia, separación-sellado fantasmático, toman su lugar en lo real del dispositivo, en tanto la hipótesis sea sostenida por el deseo del analista.

Esquicia y sellado, guardan correspondencia con apertura y cierre como referencia conveniente al inconsciente.

No se trata solo de dar cuenta de tiempos escriturales como referencia a un supuesto acontecer biográfico, sino de la localización repetitiva de aquellas operaciones de causación y la posibilidad de “desembrollarse”, de saber-hacer ahí, en un análisis.

Lacan sigue a Freud durante un extenso trayecto de su obra. Sus aportes a la noción freudiana son bastos. También lo son sus diferencias. Elegimos situarnos en tres tiempos de su elaboración: en Función y Campo de la Palabra y el Lenguaje [1955], en el tiempo del seminario XI y la re-escritura de Posición de Inconsciente [1964], y en el seminario XXIV [1976/7]. Alterando en parte el orden de presentación.
El aporte de Lacan de mayor alcance y valor clínico es, a nuestro entender, el que define a la altura de su seminario XI, la topología y temporalidad del inconsciente como de apertura y cierre, como alternancia de succión, como latido, como lo que “se produce” en el trayecto que va de situar la causa en el tropiezo, en lo que falla en la cadena significante, a derivar en el efecto de lo no realizado.[...]

El objeto a: Punto de torsión entre el inconsciente freudiano y el lacaniano. Eva Lerner.

1. Introducción

Los psicoanalistas hemos dedicado muchos años a conceptualizar las articulaciones entre Freud y Lacan, a recordarlas, a debatirlas, a confrontarnos con ellas, a declararlas imprescindibles o bien a prescindir de las mismas. ¿Qué suerte de continuidad teórica inevitable, de apoyatura lógica y de imposibilidad de exclusión práctica encontramos en Lacan que no es sin Freud?


¿Cómo decir apropiadamente –y con palabras que no estén gastadas ni con citas usadas convenientemente– que no podemos olvidar la esencia misma del psicoanálisis inventado por Freud y su finalidad? ¿Qué clase de desafío nos propone aceptar la convocatoria de Lacan cuando dice: “Sean ustedes lacanianos, si quieren. Yo soy freudiano”(1)? Si quieren y pueden, agregaría.
¿Se podría leer en esta invitación una exclusión? Si elijen “ser” lacanianos, ¿no “serán” más freudianos?, ¿podemos “ser” sólo lacanianos? ¿Y si, despojándonos de la convocatoria a “ser”, se tratara de una lógica inclusiva?


Freudianos y lacanianos. O mejor aún, si lacanianos, entonces freudianos.
Podría dedicarme a fundamentar esta dificultad con algunas perspicacias topológicas a las que solemos apelar y la banda de Möebius u otras vendrían en mi ayuda. Forzar las teorías entre sí y, todavía más, hacer encajar teoría y clínica sin resto, partiendo del supuesto de relación entre ambas, me apartaría de la tensión que propongo otorgarle al tema, además de repetir el error en el que, a mi entender, caemos hace años. Elegiré por ello un camino sin ninguna pretensión de cientificidad como aval de mi propuesta ya que tal pretensión, en psicoanálisis, no dejaría de ser un fantasma más.


Muchas son las cuestiones en las que podríamos detenernos respecto de la reformulación lacaniana de la obra freudiana y, por ende, de la clínica que de ese retorno se desprende. La teoría freudiana ha quedado dada vuelta como un guante, en un sentido estructural, al ser reformulada por Lacan. Pero esto no quiere decir dejar de lado la actividad propia del psicoanalista en la tarea de analizar llamándola freudiana ni que, por verificar las dificultades con el goce, se podría suponer tan ligeramente que éste se puede reeducar o interrumpir con el corte y que eso querría decir “ser un buen lacaniano”.


¿Cómo se gasta el goce? ¿Cómo se transmuta? Ése es a mi entender el tiempo de nuestra dificultad, bastante soslayada en los debates –y no podría ser de otro modo en tanto es propio de lo neuróticos que somos, como si cada uno, en el mejor de los casos, supusiera que el otro sabe hacer con eso y uno mismo aún no. Y en el peor de los casos, más lamentable aún, que uno sabe y los demás no. Tomémoslo con humor, sin evitar las preguntas al pretender responderlas en forma rápida con citas. Habitualmente proponíamos no pasar de una “teoría” a “la otra” sin pagar el peaje correspondiente, ¿fueron vanos esos intentos?
Lacan hace una interpretación de Freud y cada uno de nosotros hace lo propio con el texto de Freud y con el de Lacan también. Son sólo los restos de nuestro espíritu científico los que nos hacen pretender ser taxativos y entrar en disyunciones exclusivas al estilo de “o Freud o Lacan”. No hay teoría psicoanalítica ni freudiana ni lacaniana porque cada concepto hay que leerlo según el contexto en el que aparece. No hay, insisto, una teoría freudiana y una teoría lacaniana compactas y consistentes sino que cada concepto en Lacan y en Freud cuenta de otro modo en tanto se hace oír en el análisis. [...]

EL INCONSCIENTE EN FREUD Y EN LACAN RESPUESTAS A UN CUESTIONARIO. Ricardo E. Rodríguez Ponte

El inconciente – preguntas

Hemos elaborado una serie de preguntas que creemos relevantes respecto del modo de concebir el inconciente, sus articulaciones y diferencias, en Freud y Lacan.

Nos interesa muy especialmente tu respuesta para el próximo número de CSF.

1.- Freud estableció dos tópicas para el aparato psíquico. Lacan retomó y trató de encontrarle una lógica a cada una de las instancias freudianas y distinguió claramente al Ello del inconciente. También ubicó al Otro en el origen de cada instancia. ¿Cuáles son las consecuencias clínicas de esto?

2.- ¿Qué ubican Freud y Lacan como productor de lo traumático? ¿Equi­vale esa diferencia a ubicar de distinta manera nuestra escucha respecto a lo que entendemos por causa?

3.- La invención del objeto a, que centra la teoría en el eje del goce, ¿im­plica ya la división de aguas entre el inconciente freudiano y el lacaniano?

4.- Das Umbewusste pivilegia el inconciente como saber que no se sabe. L’une bévue, en cambio, acentúa el saber en falla, ahí donde hay impacto de goce. ¿Se trata de escuchar en el discurso algo distinto o es una acen­tuación de lo real en su presentación disruptiva? [...]

Control Analysis. Isidoro Vegh, Veronica Cohen, Cristina Marrone.

For the closing, we have chosen a panel able to bring their thoughts on the issue of Control Analysis. The choice came from a reading workshop from the clinical cartel. We understand that there is a genuine concern at the EFBA. We find it crucial in relation to our ethic and our clinic. There are many reasons, but what we thought was that if the analyst is at least two -the one that produce the analytic act and the one that reads it and accounts for it- the princeps framework to question the analytic act is the Control Analysis, for what this space can be enlightening. It touches nerves that personal analysis hasn’t reached, and even in concluded analysis, it produces pending efficacies that were not able to achieve in another time.

_________________________________________________

Presentation by Verónica Cohen.

I began by thinking of three characters, three semblants of different discourses. The Analysand Subject, the one discovered by Freud, with a disposition to speak; the Supervisee Analyst, the one that comes to speak about his disposition for a case -who is also in an analysand position; and the supervisor analyst that we can call Teaching Analyst, the one who listens about the case.

The subject speaks. He knows without knowing and without knowledge about how he names himself. The analyst that speaks of the case, controls it. What does he control? The means of production of that speech. It would be a savoir-faire.

Savoir-faire there. It is not a technique, nor is it a division between clinical and theory. There is no theory, in psychoanalysis, without the analyst’s desire. It would be a philosophy. I like to put it in terms of a logic that knows about the unknown of the phallus and castration.

In Control Analysis one comes to speak of a case, but it is also the cavern Lacan speaks about in “Position of the Unconscious”, the cavern that opens up from the inside, only in the shadows of what occurs in another place, where something could find a way to be read.

Control Analysis deals with transferences and lateral transferences; with what makes us pregnant of truth with a fictional structure; with the inadequacy of the thing to the intellectual; and with what responds to another logic.

If it’s a question of subject oneself to something, it is to desire, not the phantasm; to put oneself under a signifier in order to produce it.

What can be taught when someone comes to speak of a case? The logic at stake, a conception of psychoanalysis in the way Lacan reads Freud.

Control Analysis does not replace Personal Analysis. It is necessary but not sufficient. Why? To be able to pass on, to teach such control of the means of production, what Lacan calls in “The Proposition…” the Agalma of the Analyst. Teaching how to wait, to silence, to cut and not to link knowledge; Teaching a conception that comes from a trait, which begins with a primary repression, an empty space.

Naming comes from speech itself; it’s outlined in speech and it is re-signified retroactively, while re-signifying the former. Lacan called it Latent Nomination, the heart of the unconscious, a place of a speech that takes effects a posteriori.

If it wasn’t for the opportunity that something said can be re-signified retroactively, why would anyone bother with an analysis? It’s the opportunity in the speech itself. It’s a question of naming. What Lacan called a new presence in the world. To achieve something like that, it is necessary to learn not to diverge with knowledge, with what comes handy, with what it is convenient, etc.

Why would an analyst listen to a supervisee in control analysis? Perhaps, because of that logic that constitutes its Agalma, a logic that is not about the whole, but a logic that embraces a knowledge about the ex-sistence, a knowledge about having or not having, a knowledge that does not concerns the being.

These issues are only passed through an analysis. Not only they leave a debt for the crime, as transformation from guilt to debt, but a debt with psychoanalytic discourse. The control analyst listens because there is a reason for the extension of the discourse at stake. A pending debt with the discourse where the guilt for the desire was solved, desire of death, hatred, envy, betrayal to convey; what is called pestilence. [...]

The title “Music, Significance and Jouissance” summarizes the core of the issues approached on this paper. It’ll be by questioning the ways in which anxiety in its certainty is “appropriated”, in relation to a dimension of the lack different than the phallic lack.
What kind of call comes from music? What is the relation of the body, its joussiance, with music and dancing? Why are women the first ones to hit the dance floor?
I will try to articulate these questions in relation to three quotes from Lacan’s Seminar.
I’ll begin with a statement from Seminar 10.
"To act is to rip from the anxiety its certainty. To act is to operate a transfer of anxiety”.
This formula presents anything but complications. Certainty is not certain as in truth, fact. It does not imply the value of true or false.
If anxiety is certainty, it is as in certain of the in-existence of the Other, experienced asabsence of being. Before the caducity of the Other, the act presents the certainty of being, as non–being [de-ser]
When Lacan says that Freud founds his certainty in doubt -being at this point Cartesian- Lacan aims to Freud’s conviction that doubt points to the gap, the causal opening of the unconscious, linking certainty to the real of desire.
Second quote, from Seminar 22: "What is anxiety? It is what ex-sists, from inside the body, when something awakens, tormenting it. Take little Hans, for instance: if he precipitates into the phobia, is to lend a body to the pregnancy of the phallus, of the phallic jouissance that became tangled with his body.”
Lacan seems to go back to the first Freudian theorization: anxiety as transformed libido, anxiety as what ex-sists to the inner body when is overwhelmed by the phallic jouissance.
Third quote, from Seminar 20: “It cannot be ambiguous that the being, as conceived in the philosophical tradition, that is, the being based on thinking alone, which correlate is, as I’d oppose, that we are toys of jouissance.” “There is jouissance of the being.” “The being I oppose to this, is the being of the significance. I don’t see how this undermines the ideals of materialism by acknowledging the being of the significance, in the jouissance of the body”.
Lacan opposes to the being of thought, the being of jouissance of the significance. It is not a question of disjunction and parallelism of thought and body, but the jouissance of the body in the significance.[...]

On Analytic Practice. The Questions of the Children. . Liliana Paula Cohen. .

Little Hans’ parents did not like Hans’ enigmas. “We find it very unpleasing that Hans started with questions this soon…” writes Hans’ father to Freud.

In 1905 Freud studies and proposes a theory of sexuality.

This theory represents and supports the theoretical framework of psychoanalytic clinic.

It’s a mark that constitutes the corner stone of a fundamental dis-covery.

What is this mark that situates the specificity of a practice?

There is no such thing as an adequate, natural sexuality.

Put it in terms of enigmas, confirms that what is of the order of desire and jouissance is tributary to a series of operations that, coming from the Other, produce efficacies.

On Seminar 4, Lacan will speak of the adventures and misadventures of the Oedipus complex and castration complex.

When an adjustment is demanded by the parents a traumatic real breaks into in the child.

When a madurative evolution adapted to the chronological time of a daily life is expected, psychopathology is outlined: sexuality is trauma.

It is, then, a dimension, the drive, that fractures the narcissism, a dimension that leaves out everything that comes to disrupt the harmony, the illusion of the One.

The polymorphous, perverse sexuality pierces the dimension of being and the imaginary of love.

The real of sexuality situates at the origin what concerns to the drive running over the ego, the profoundly conflictual aspect of sex, the impossible to process, the impossible of the sexual relation.

What does this lacanian statement mean, other than stating that there are sexual relations but what’s lacking, as a possibility of the structure, is a necessary object convenient for the drive? [...]


THE PLAY AT THE END OF ANALYSIS. Cristina Marrone

Lacanoamericano. Tucumán, Argentina. 2003.

If we maintain our intention to raise the play to the status of concept, we should remember statements both from Freud and Lacan regarding the artist. Put it in this way, we underline the close relation between play and sublimation.

Although Freud excluded it from its Metapsychology, sublimation reappears in a specific place: the place of the resistance to neurosis (1), a way in which fantasies go back to reality, the opposite way of the symptom that screws the subject into the libidinal introversion with the consequent retreat from reality.

The difference in gain of pleasure leaves a favorable balance to sublimation, that other satisfaction that Freud saves for the artist, the chosen one that found a way to veil his fantasies and make them compatible and sharable with others in sublime ways.

Late in his teaching, Lacan seems to question Freud’s artist when he says that "sublimation is a feature of that who knows how to make a turn by which the subject supposed to know is reduced" (2). Thus, sublimation as destiny remains for consideration at the end of analysis, a crucial moment of the passage from analysand to analyst.

Therefore, according to my proposal, from the end of analysis, play would constitute the blueprint for the analyst’s position in the transmission of his act. To promote play to the status of concept is not without reconsidering its effects on clinical psychoanalysis at both of its edges, children and the one concerning adults.

Yet, why play? A fable -that Victor Hugo allows me to borrow from his novel- approaches perhaps a framework to start with our subject.

This is the story of three children: "It was hard to tell who was watching them, they had no mother ... they lived as they could ... they were all masters but neither was his father ...”

With a look of hopeful tone, Victor Hugo says that children have the future while the birds don’t. The effect we obtain is almost paradoxical, since the first scene was a closed one. {...}

Neurasthenia and Psychosomatics. Haydee Heinrich.

A few years ago, several chapters of a movie circulated in a video that foreshadowed what later became popular as a hidden camera. It was called "That crazy, crazy people". Among other degrading situations, the video showed the first working day of a man in a bakery: with a tube the man had to decorate cakes that would move along a carrying belt, just in time for grab them and place them in a table. While skill and speed was required, the job seemed simple. Only for the fact that a few minutes later the carrying belt begins to increase its speed, proportionally increasing the desperation of the unprepared victim, running from side to side trying to decorate and grab, grab or decorate the cakes that inevitably end up in the floor.

I would like for us to keep this image: the perplexity of the man, the insults of the employer, and to top it off, the likelihood that this man had been without work for months and with a family to maintain.

Let us agree that the sadism of this experiment worthy of Pavlov, which could have taken place in a Gesell room instead of just a hidden camera, it has a mitigating factor: thanks to the speed required to print the film, it concludes very quickly. Imagine, instead, that in real life this experience is repeated day after day, for 8-9 hours, with a carrying belt set an ideal speed where the operator could not be distracted for a moment without fearing the worst to happen. It’s hard not to think of "Modern Times" by Chaplin.

Now, how this would impact on the body? It seems to me that this example paradigmatically meets the Freudian Neurasthenia -not for nothing it was first noticed and described in the U.S. industrial society- and the Lacanian Psychosomatic for which Lacan makes use of Pavlov's experiment to make it explicit. In both cases, the hypothesis is that the unconscious is outside of the game. What implications do these hypotheses have? [...]

Análisis de control. Cristina Marrone - Verónica Cohen - Isidoro Vegh

Para el cierre hemos elegido un panel que nos traiga sus reflexiones sobre este tema. La elección precipita a partir de un trabajo de lectura del cartel de clínica. Entendemos que hay una preocupación absolutamente genuina en la EFBA. Nos parece central con relación a nuestra ética y nuestra clínica. Las razones son muchas pero en principio lo que habíamaos pensado es que si el analista es al menos dos, aquél que produce el acto analítico y aquél que hace lectura y da cuenta de él, un lugar princeps donde interrogar el acto analítico es el análisis de control, con todo lo iluminador que este espacio puede llegar a ser. Toca lugares a los qque el análisis personal no ha llegado y aún en análisis concluidos logra eficacias que quedaron pendientes o no pudieron producirse en otro tiempo.

Verónica Cohen

Empecé pensando tres personajes que serán tres semblantes de discurso diferentes, el sujeto analizante, aquel que tiene esa disposición a decir que descubre Freud, el analista supervisante, aquel que viene a decir que tiene esa disposición sobre un caso, que estaría también en posición analizante y el analista que podríamos llamar enseñante , el que escucha sobre este caso.

El sujeto habla. Sabe sin saberlo y sin saber con qué nombres se nombra. El analista que habla del caso, controla. ¿ Qué controla? Los medios de producción de ese decir. Sería saber hacer allí. Encontrar esa nueva lógica que Freud descubre, que sabe de lo sin sabido de la castración. El análisis de control no puede sustituir un análisis que es dónde el analizante adquiere el control de esos medios de producción. Es un saber sobre el corazón del inconciente, pero se trata de la extensión del discurso.

"Saber hacer allí ": no se trata de una técnica, tampoco se trata de una división entre clínica y teoría. No hay en psicoanálisis teoría sin deseo del analista, sería una filosofía. Me gusta pensarlo como una lógica que sabe de lo insabido del falo y la castración.

Lo obsceno. Sergio Staude


“Lo obsceno tiene todas las cualidades del intervalo sustraído”. Henry Miller.


El pudor, como clivaje entre la posición neurótica y la perversa

El pudor se configurar como un borde posible entre el posicionamiento neurótico y el perverso. No es el único pero es representativo. En “Kant con Sade” Lacan refiere que el perverso apunta al lugar en que en el otro surge el pudor, como signo de ese borde, que es lo que pretende siempre violentar.

Para Freud el pudor constituye uno de los tres diques de la moral (asco, vergüenza y pudor), que son los primeros diques de contención de la demanda pulsional y por lo tanto los primeros esbozos de una posición subjetiva. Solo puede tener pudor un sujeto que se asume dividido. Una vez que se devela el falo, es decir cuando se corre el velo de la latencia, este –el velo- no desaparece sino que se transforma en la barra que divide al sujeto. El neurótico la hace suya como propia de su constitución subjetiva. El perverso va utiliza la barra como instrumento de goce y como instrumento para quebrar la barra de la represión en su partenaire neurótico. En la neurosis el pudor lo divide respecto de lo que debe quedar reprimido, lo que debe quedar “fuera de escena”. En la fobia, que es la antesala de la neurosis, nos encontramos precisamente con ese paso en el que se tacha la Cosa con la instauración de una cifra, que representa no ya la Cosa sino su representación. Eso es lo que instaura la barra. Sin embargo en la clínica observamos que esa barrera, en las fobias, se instala como algo flotante en el sentido de un defecto de anclaje, como si no alcanzará a hacer eficaz su efectividad, como si el paso que produjo permaneciera en la incertidumbre de que puede ser abolido. Se instala ese zona de tránsito que lleva a la letra y a la vez la incertidumbre de ese establecimiento.

Es así que el pudor surja como el producto y efecto de una unión desigual entre el significante y el cuerpo.

En cambio aquello que establece las diferencias entre la neurosis y la perversión es que esta última se va a abroquelar en una voluntad de goce. En cambio en las neurosis la búsqueda es poder querer, es decir amar, aquello que desea. Querer a un otro dejando de su lado, sosteniendo, la barra de la castración. La disociación de la que el pudor da cuenta marca así una oposición entre placer y goce en la estructura histérica (o neurótica), que da cuenta de su búsqueda en articular un goce con el principio del placer. La perversión en cambio se empeña en mantenerla disociada bajo el predominio de la búsqueda de goce. Ambos, de todos modos, lo acepten o no, están sometidos a las marcas del Otro ubicables en el fantasma.

La presencia del fantasma es tal vez más evidente en la histeria en la medida en que el goce –que anhela o consigue parcialmente- tiene un carácter marcadamente proteiforme, imposible de fijarse. El deseo tiene una movilidad metonímica. El perverso se afirma en una voluntad de goce que lleva implícito, como condición ineludible, la del reconocimiento. Ese es el nombre que tiene el deseo en él.

EL OBJETO CESIBLE. Elena Jabif.

Al término de su obra Freud designó a la angustia como señal, una señal articulada a un peligro vital, este peligro es de acuerdo a la indicación freudiana, lo que está ligado al carácter de cesión del momento constitutivo del objeto a, este peligro es traducido por el sujeto como amenaza de castración. Y esta amenaza convertida en roca freudiana será el tope del psicoanálisis ortodoxo. Sobre esta elaboración freudiana Lacan se pregunta ¿qué puede considerarse como causa de la angustia señal?

Lacan tuerce el rumbo cuando afirma que la angustia es anterior a la cesión del objeto, reafirmando que la angustia está ligada al deseo del Otro, ya que el sujeto no sabe qué variable del objeto es él, para ese deseo. Esta pregunta va a entramar la premisa del deseo humano como función del deseo del Otro, un Otro que al modo de una voraz mantis religiosa lo enfrenta a este humano con su desconocimiento.
Dice Lacan: “que lo que resta de la pregunta por el ¿ qué me quiere? es un «no se»,- un desconocimiento en esencia angustiante ya que desconozco en la economía de mi deseo de hombre lo que soy en tanto a para el deseo del Otro “.

El diccionario Larrouse sitúa al término cesible en distintas acepciones: 1° renuncia de alguna acción o derecho en favor de otro. Cesión de bienes, paso de los bienes de los deudores a sus acreedores. Ceder.
Ceder, implica hacer abandono de una cosa de la que se goza aclara de la cual se saca provecho legítimamente; también deshacerse de una cosa a la que se estaba apegado, abandonarla; pero aclara recibiendo a cambio una contra indemnización, otra acepción dejar de oponer resistencia moral o física, dejarse llevar, para una mujer abandonarse a los deseos de un hombre.

Subrayo esta interesante versión que toma el carácter de sesión cuando se trata de ceder de lo que se goza, deshacerse de una cosa a la que se estaba apegado teniendo corno corolario una indemnización; premio consuelo la herencia de un resto revelador como es el objeto a, al cual Lacan lo lee en el destete “No es cierto -nos dice- que el niño sea destetado, él se desteta, él se separa del pecho, el niño juega a separarse y a retomarlo, esto permite que el pecho no sea el mero lazo con el Otro que hay que romper sino que se erija como un signo de ese lazo que puede adoptar la función del objeto transicional siempre y cuando, como dice el Larrouse, el sujeto resigne un encandilante goce y adopte como contraindemnización al objeto transicional. Este objeto que muestra de manera ejemplar la función de un objeto cesible, una puntita arrancada a algo, casi siempre un pañal, una puntita que dará cuenta del soporte que encuentra el sujeto en ese objeto, una puntita que testimonia la posición de caída en relación a la confrontación significante, es que propicia que el sujeto no se disuelva junto a su objeto sino que su carácter cesible lo instituya como un pedazo separable del cuerpo del Otro y del cuerpo propio, cualidad que lo declara apto para acuñar cada objeto fantasmático.

Pero Lacan nos advierte que el fracaso de la propiedad cesible del objeto nos conduce a la función umheimlich, como en el cuento de Hoffman (Copelius) donde el objeto pasa de un ser vivo a su autómata, momento de máximo terror cuando el sujeto se confronta descarnadamente con que el deseo que lo constituye es, en este caso, el ojo mismo.

LA FUNCIÓN MATERNA : ENTRE EL DESEO Y EL ESTRAGO. Cristina Calcagnini.

Comienzo sosteniendo la inevitable pregunta sobre la pertinencia de definir la función materna. Distintos interrogantes sobre mi propia clínica me han llevado a hacer este recorrido, que como un collage va extrayendo de algunas lecturas realizada, un camino posible.

La clínica con niños, nos confronta con la problemática que pone en juego la dimensión del deseo del Otro, en tanto el despliegue discursivo va dando letra de como se juega en el niño sufriente, el deseo de la madre, si fue deseado o no lo fue y también como se juega la relación deseante de los padres entre sí. Lo cual nos lleva a operar en un tiempo primario de la estructuración del deseo.

También la clínica con adolescentes nos lleva a escuchar en las demandas maternas, la dimensión del estrago que nos advierte de que el despertar sexual de los hijos, marca una nueva vuelta de lo no tramitado de la problemática edípica, en donde los espejos resquebrajados tambalean , las palabras faltan a la cita y el acting out despliega su escena.

Por otro lado la fantasmática neurótica de algunas analizantes nos confronta todo el tiempo con el retorno siniestro devastador de la relación entre madres e hijas, historias que no ahorran tinta a la hora de desplegarse las intervenciones con sus propios hijos.

Planteo alguna de mis preguntas en torno al tema: ¿Cual es la transmisión esencial que esperamos opere la función materna? ¿Podemos pensar que con el deseo alcanza para hacer de

barrera al estrago materno? ¿Podríamos plantear a la posición femenina de la madre como garantía para que la función supuesta opere eficazmente?

A la pregunta freudiana ¿qué es un padre?, Lacan responde, luego de hacer correr mucha agua bajo el puente, diciendo : ... "un padre no tiene derecho al respeto sino el amor más que si dicho respeto, el dicho amor está pere –versement orientado, es decir si hace de una mujer, objeto a causa de su deseo. Pero lo que una mujer a-coge de ello, no tiene nada que ver con la cuestión. De lo que ella se ocupa, es de otros objetos a, que son los hijos, junto a los que el padre intervine, excepcionalmente, en el buen caso, para mantener en la represión, en el justo me-dios, la versión que le es propia por su pere versión. Pere-versión única garantía de la función del padre, la cual es la función del síntoma. Basta con que allí sea modelo de la función. He ahí lo que debe ser un padre, en tanto sólo puede ser excepción. Solo puede ser modelo al realizar el tipo. Poco importa que tenga síntomas si añade a ellos el de la pere versión paterna. Es decir que su causa sea una mujer, que haya hecho hijos (con ella), y que a estos los quiera o no les brinde un cuidado paternal. (1)

Introduje esta cita de Lacan para recortar que para una mujer los hijos están en ese lugar que desde el psicoanálisis lacaniano, construimos como el del objeto a .Tomando en cuenta que la escritura del objeto a la ubicamos en el agujero central del nudo borromeo, en cuyas cuerdas ubicamos lo simbólico, lo imaginario y lo real, para dar cuenta de la estructura desde la que una mujer aloja a sus hijos. Cuerdas en las que se ordenan, el amor, el deseo y el odio, anticipando entonces la posibilidad de que la función materna, el deseo y el estrago se anuden borromeanamente. [...]

Ansiedad, angustia, desesperación. Adriana Dreizzen.

"Ansiedad, angustia, desesperación" , componen los versos de una melodía de hace tiempo, y sirvieron de pretexto para verter algunas reflexiones sobre los modos de presentación de los afectos en la clínica. Dejemos por ahora en suspenso cuál es esa melodía...

Como decíamos son modos de manifestarse en la clínica lo que pertenece al terreno del afecto. Es decir lo que no se rige por la égida de la represión. El afecto va a la deriva, desplazado, loco, invertido, pero no reprimido. Los que están reprimidos son los significantes que lo amarran. Sin duda, de los tres, la angustia, reviste un lugar principal . Es el término sobre el que luego de siglos de tradición filosófica, recayó singularmente la atención de Freud, ya en el origen de sus teorizaciones, para reinventarlo para el psicoanálisis.

Lacan, por su parte desmintiendo rotundamente que su transmisión discurriera sólo por las vías de lo simbólico y del significante, le dedica el seminario del año 62 – 63. Lo real que la angustia traduce se presenta en las encrucijadas más complejas de la clínica. Acting out, pasaje al acto, fobia, pánico, despersonalización, duelo, son algunas de las entidades que aborda a lo largo del seminario y que la tienen de protagonista.

Sin embargo, no siempre la calidad del afecto que se presenta propicia una pregunta fecunda, no siempre descubre qué clase de objeto retiene al sujeto , no siempre señala en el yo por donde se anuncia la amenaza, no siempre establece el pasaje de un tiempo gozoso a otro de recuperación del deseo, en el posicionamiento subjetivo.

Es por esto que me pareció de interés el distinguir la angustia, de la ansiedad y la desesperación, parientes cercanos, otras modalidades del afecto que se manifiestan en la clínica, pero que no parecieran proporcionar al sujeto las virtudes de interrogar su posición en el fantasma, en su doble vertiente :

la del Otro que lo mantiene lo suficientemente preso de su demanda y la del objeto, que por no recortarse, embarga al sujeto, hipotecando su deseo.

También la angustia, tiene múltiples modos de hacer su aparición. ¿Qué distingue la angustia que se manifiesta en una crisis de angustia o como la llama hoy la neurociencia "pannic attak" ; de aquélla que se expresa como señal, acontecimiento propiciatorio para el sujeto ?

Para abordar estos interrogantes, y orientarnos en la dirección de la cura a cerca de la ansiedad, las modalidades de la angustia y la desesperación, me parece esencial hacer girar las hipótesis a proponer, en torno al lugar y las funciones que el objeto ocupa en la estructura.

No es la ocasión, por las limitaciones de tiempo, para hacer un recorrido exhaustivo por la teoría del objeto, sólo enfaticemos algunos puntos claves a los fines de esta exposición.

Como sabemos, según el avance de sus descubrimientos hay dos tiempos para la angustia en Freud. El de la primera teoría coronó a la neurosis de angustia como prototípica de las neurosis actuales. Rige, en este tiempo una lógica de las transformaciones del quantum libidinal . El hallazgo era que los desarreglos de alcoba, cuando la sexualidad no colmaba ni culminaba , se transmutaban en neurosis de angustia.

LO INCURABLE EN LA DIRECCIÓN DE LA CURA. Osvaldo M. Couso.

Agradezco a la comision la invitación para exponer en el Seminario de Escuela, y también a quienes me precedieron, porque si bien no pude asistir más que irregularmente, leí algunos de los textos publicados, y desde allí voy a partir, desde donde situaron el tema Daniel Paola y Clara Cruglak: una verdad incurable que "se es". Lacan dijo (1) que la verdad de la estructura es el objeto a. Y también situó "... lo que es propio del a, a saber eso donde el sujeto puede reencontrar su esencia real como falta en gozar." (2).

Voy a tratar de exponer la importancia del amor para el reencuentro del sujeto con esa esencia. Para comenzar, a modo de epígrafe, un fragmento de un poema:

No tenemos ni marca de predestinación ni vestigios de las primeras luces;

ni siquiera sabemos que soplo nos expulsa y nos aspira.

Apenas si el sabor de la sed, si la manera de traspasar la niebla,

si esta vertiginosa sustancia en busca de salida,

hablan de alguna parte donde las mutiladas visiones se completan,

donde se cumple Dios.

Olga Orozco.

LA PERDIDA DE GOCE

Es ya clásica la radical antinomia que hay entre el goce y el significante. El lenguaje mata la cosa, la reemplaza, la ausenta, usurpa su lugar al representarla, expulsándola al exilio. El Otro nombra y con ello intima al viviente a decir, a decirse, a entrar en el desfiladero de la palabra.

El Falo es el indicador de la prohibición del goce como absoluto, el que decreta su radical inaccesibilidad y su desvío por los objetos del deseo, el que coloca goce y palabra en diferentes y contrapuestos niveles, construyendo así la falta que se imaginarizará como castración.

La fórmula de la pulsión resume una idea: la aspiración de goce "pasa" por el Otro, que la pervierte, la transmuta, la hace pasar por el tamiz de "lo que debe pedirse". La fuerza a convertirse en demanda, en discurso y en vínculo social. Desde entonces, cada demanda es tanto el resultado de ese pasaje, como un mito de origen: el supuesto de un goce anterior, para siempre perdido. Lo que de él no se pierde, se "recupera" en una circulación por el campo de las imágenes y las palabras, sometido al intercambio de demandas y respuestas a las demandas entre el sujeto y el Otro.

El goce queda así marcado de límites, de renuncias y de topes, entrampado en un mercado de intercambios y transacciones, condenado a la in-satisfacción sólo pobremente contradicha por las satisfacciones sustitutivas: su gusto no hace olvidar el amargo sabor de la pérdida.

Un bebé que se va durmiendo mientras mama, promueve la idea del reposo en un goce cerrado sobre sí mismo, intocable por el mundo exterior. Imagen de un cuerpo-animal al que el significante no ha tocado, que fascina porque hace suponer un puro organismo de goce.

Sin embargo la experiencia de satisfacción freudiana deja una inscripción, una huella que, desde entonces, será la vía por donde deberá pasar toda satisfacción futura. Marcas simbólicas del sistema de transacciones que cambian goce por palabra. El "pasaje" de goce desde el cuerpo al significante no es sin pérdida: entre la experiencia de satisfacción y la satisfacción alucinatoria hay una diferencia en menos.

Desde que hay significante, el goce no será "completo", pero se crea la nostalgia por un goce que lo fuera. Como si para salvar la vida se hubiera entregado la bolsa, pero no se terminara de llorar la pérdida, ni de intentar recuperar lo perdido. La pérdida de goce y su nostalgia son condiciones para toda búsqueda libidinal del objeto y toda satisfacción futura. Son así estructurales y estructurantes. [...]



1. Introducción: Angustia ligada y angustia no ligada
Las siguientes son algunas reflexiones acerca de mi experiencia en la clínica de la angustia en la dirección de la cura en general y en particular cuando se trata de las fobias, luego de comprobar que las vías tradicionales que ponía a prueba, tan controvertidas en la historia del psicoanálisis, respecto al tratamiento de las fobias, eran infructuosas y me llevaban a equivocar la dirección de la cura.
Dejo aclarado de entrada, y en primer lugar, para no entrar en contigüidad con los debates de la actualidad, que en estos casos se trata de una propuesta de distintas "intervenciones" y "operatorias posibles" en la clínica de los signos, difíciles de abordar con la interpretación, sólo a los fines de enderezar el tejido, apuntando todo el tiempo a que esa rectificación permita leer en el discurso, la metáfora que indica al sujeto de la palabra y del deseo y no prescindir de la interpretación en el campo de nuestra praxis.
En segundo lugar, no fue sin un detenido examen de las diferencias entre abstinencia del analista y responsabilidad que sitúo hoy ,el horizonte de mi práctica.
I) En aquellos casos en los cuáles la angustia está ligada, la liga un significante a un objeto como en el caso de las zoofobias, incluso a veces en la agorafobia o en la claustrofobia puede encontrarse esta ligadura.
En esos casos el síntoma fóbico es el que traza -como en el caso del pequeño Hans- una ruta por dónde transitar.
La ligadura se lleva a cabo en la fobia por vía de un desplazamiento, es decir por una vía metonímica. Hace poco me consultó luego de muchos tratamientos, una reconocida profesional que padecía de grandes ataques de angustia que la invalidaban. Vivía con un perrito en su falda, así trabajaba y transitaba por el mundo, así concurrió a la consulta. Nieta, hija y hermana de mujeres fóbicas a perritos, su síntoma me fue rápidamente transparente no por mi genialidad sino por la de nuestro maestro Freud en el caso Hans.
Con el perrito estaría a salvo de la cercanía, precisamente de algunas mujeres, es como si llevara la metáfora paterna en sus brazos.
La fobia ligada se presenta como signo y no como cifra metafórica, no por ello deja de constituir un enigma a sostener y hay que conseguir que se metaforice para luego descifrarla. Una analizante que no podía salir a la calle sola porque se sentía perdida, resolvió su agorafobia cuando "sentirse perdida", pasó a arrojar la cifra "ser una perdida", que en nuestra lengua alude a la prostitución.
En general las fobias ligadas ordenan un espacio transitable para la subjetividad y la persona en cuestión se siente más compelida a respetarla que a interrogarla. Otras veces están veladas para sí mismo o para los familiares, detrás de los gustos o la preferencias, refiriéndose a ellas de un modo muy razonable y aceptable socialmente como cautela o prudencia, por ejemplo a salir de la casa, "con todos los robos que hay!",o falsos ideales de independencia por ejemplo: "para qué convivir, las parejas se arruinan al poco tiempo", pero nunca hizo la experiencia. "Elegí esa carrera porque esa facultad me quedaba cerca", "los viajes con mi marido me gusta organizarlos siempre a mí, él debe atenerse a mi mapa porque yo estudio adónde nos conviene ir", en fin, valores indiscutibles, que en su extremo y en la sumatoria en una misma persona, indican si aguzamos la oreja el velo social de una fobia.
Sumada a la dificultad de la metaforización, sobre todo en casos como la claustrofobia y la agorafobia, el reclamo al analista respecto a la angustia pareciera ser "cúreme de esto tan molesto sin que yo me tenga que implicar e interrogar nada porque estoy urgido!"
II) Aquellos casos en los que la angustia no está ligada, el colmo de la angustia supera la tolerancia del sujeto y llega a manifestarse con claros signos de pánico (por ello la actual nomenclatura de esos episodios que nombra el todo por la parte) se trata de angustia difusa, que se extiende sin que el que la padece pueda ubicar remotamente qué le ocurrió, pero sí puede situar, el inicio bastante claramente en relación a algún acontecimiento.
El gran ataque de angustia ya se conocía en la clínica de las fobias como neurosis de angustia, lo nuevo no es el cuadro sino el negocio de los laboratorios.

Seminario Sobre Diferencias Diagnósticas en las estructuras clínicas Freudo – Lacanianas. La histeria. Elena Jabif

El Dios muerto de la verdad cristiana es rehén de la verdad, lo trágico, el goce de la injusticia, es donde la histeria cree en el padre y testimonia con sus síntomas donde ella es cautivada y convocada a asumir el lugar de la heroína de la tragedia, ahí donde ha sido el fracaso del padre. Lo que la histérica hace , en ese laberinto de identificaciones múltiples, se encuentra confrontada con eso donde Freud tropieza y se pierde, porque interpreta como objeto de deseo a diversas formas de objetos virtuales, ella no se contenta con ese fantasma ella apunta a lo mejor del A, al Otro absoluto que es la señora K, encarnación de la pregunta ¿ que es una mujer?

Tampoco en el fantasma no es la relación del sujeto con el pequeño a, sino con el A, en quien ella cree en forma paranoica, ¿qué soy? Tiene un sentido pleno y absoluto para ella. El falo puesto en ella es velado y cerrado, es un signo fálico que se trata de un juego complicado en el que ella puede deslizarse, ella encuentra el falo del falo imaginario, ella salva al padre ante la Sra. K porque su padre es impotente, pero como ella no es suficiente tiene que hacer intervenir la imagen del Sr. K, al que rechazara hasta el abismo cuando el le diga lo único que no había que decirle “mi mujer no es nada para mi”
Si ella no te la hace parar, ¿para que te sirve?


La señora K se presenta como aquello que su padre puede amar mas allá de ella misma, Dora no sabe lo que es, esta es la dialéctica del orden simbólico, es necesario ese don del falo.
En la relación dual que Dora establece con la otra, es donde alcanza la aspiración narcisista de ser ella misma, la señora k es amada mas allá de ella misma, donde ese ser es amado mas allá de lo que es, el padre suple su impotencia por todos los medios del don simbólico lo que no realiza como presencia viril, hace beneficiar a Dora a partir de beneficios que se reparten entre su amante y su hija, haciéndola participar en esta posición simbólica.


Para reestablecer una relación triangular tiene que ser ante la Madonna en la Capilla Sixtina, uno de los que la adoran igual que la señora K que es el objeto de adoración de todos aquellos que la rodean, y en tanto Dora participa de esta adoración, le es importante que el Sr. K la ame a ella mas allá de su mujer, con la condición de que su mujer sea algo para el, si el dice que su mujer esta mas allá del circuito Dora no puede tolerarlo, así no puede pensarlo como ella misma, en tanto ruptura de esos lazos se ve caída en el rol de un simple objeto, y empieza a reivindicar algo que creía ganado, que es el amor de su padre, lo reivindica en tanto le es rehusado, ella no ha renunciado al falo paterno concebido como objeto de don, no puede subjetivamente recibir de otros hombres el deseo, si esta excluida del orden de la institución y de la ley en un tiempo primigenio, se siente reducida a ser un objeto de abuso sexual, la rebelión da cuenta de la exclusión en un tiempo primigenio del don de la falta paterna.

El ser queda atrapado en la procuración, ese es el motivo de su pasión que la lleva a identificarse con todos los dramas sentimentales. La mitomanía es causa de sustituir el deseo por el falo imaginario, ella prefiere que su deseo sea insatisfecho, y que el otro guarde la llave de su misterio. Identificándose a los dramas del amor, ella se esfuerza en reparar a ese otro.

En el fondo de los fantasmas, síntomas, puntas de emergencia el laberinto histérico desliza con sus mascaras lo que Lacan llama el insulto a la presencia real, la histérica funda su elección homosexual de objeto sobre una matriz imaginaria del yo esta relación narcisista establece el lazo con el prójimo en términos de yo- no yo, los hombres son cristalizaciones posibles de su yo, una histérica ha llegado ha su crisis Edípica, ha podido en parte franquearla y en parte no, toda la observación clínica se apoya en impotencia del padre, Dora no recibe del padre ese don viril simbólico, queda muy ligada en su historia en la etapa de salida del Edipo con accidentes histéricos con manifestaciones de amor por ese padre, en la medida en que aparece herido y enfermo afectado en sus potencias vitales, el amor esta estrictamente ligado a la disminución de ese padre. Lo que es demandado como signo de amores algo que no vale mas que como signo, mayor signo de amor es por lo que no se tiene, es nada por nada, formula de la gratuidad misma.

Una sujeto histérica que recibe el colmamiento posible de todo lo que se puede tener, viniendo de su marido lo que se puede tener, viniendo de un hombre así, un don no tendría ningún valor como signo de amor, en Dios se puede tener ese supuesto estado de plenitud porque en el fondo de toda creencia hay algo que resta, este ser divino lo que le falta como carozo principal del ser es la existencia.
En el fondo de toda creencia en un Otro pleno hay siempre, un resto que hace posible suponer que no existe.


Para Lacan Dora es una verdadera neurosis, esta en una cadena significante al modo de una metáfora perpetua en tanto la señora K es su metáfora, porque Dora no puede decir nada de lo que ella es, porque Dora no sabe donde situarse, ni donde esta, ni a que sirve, ni para que sirve el amor. Simplemente sabe que el amor existe y encuentra una historización en la cual encuentra su lugar bajo la forma de una pregunta, centrada en el contenido de sus sueños, también en sus síntomas se interroga que es ser una mujer, esos sisíntomas son significantes, pero bajo ellos corre un significado perpetuamente móvil, ese es el resorte de su interés que sostiene su enigma, es en tanto metafórica que la neurosis toma su sentido , en toda metáfora hay un borde real que Freud reintroduce en la metáfora, al Sr. K normativizando las significaciones, falso embarazo de Dora, cree en sus 9 meses porque ella lo dice, encontramos una copula simbólica ratificada por el deseo del analista el orden simbólico de manera metafórica, el síntoma es una tentativa de alcanzar lo que es la ley de los intercambios simbólicos con el hombre al cual se une o se desune. [...]

EL DESEO DEL ANALISTA. Isidoro Vegh.

No es ajeno al tema propuesto el tono elegido y su presentación escrita. Recuerda que al analista lo reclama en la serie de sus enunciados, la enunciación que lo instituye y a la serie la sostiene

Como es un seminario de un año, se me ocurrió acercarles, además de algunas conclusiones, los lugares desde donde partí. Una serie de citas textuales que podrían servirnos para continuar trabajando con el tema.

Voy a comenzar con un texto de Lacan, es de uno de sus escritos que resume el Seminario sobre “La carta robada”. En los Escritos, en la versión original en francés, en la página 19, dice así:

“Aquellos que están aquí conocen nuestras observaciones sobre esto y particularmente aquellas que nosotros hemos ilustrado del rechazo del pretendido lenguaje de las abejas. Donde un lingüista no puede ver más que una simple señalización de la posición del objeto, de otro modo dicho, no más que una función imaginaria más diferenciada que las otras. Nosotros subrayamos aquí que una forma tal de comunicación no está ausente en el hombre, por más evanescente que sea para él el objeto en cuanto a su dato natural en razón de la desintegración que él sufre por el uso del símbolo – esta es la parte que esencialmente quiero subrayar. Se puede en efecto aprehender el equivalente en la comunión que se establece entre dos personas en el odio hacia un mismo objeto, esto a condición que el encuentro no es jamás posible más que sobre un objeto solamente definido por los rasgos del ser al cual uno y el otro se rehusa” (1)

¿A dónde apunta esta cita, de qué se trata? Se trata de una pregunta que suelo formularme cuando me encuentro con un nuevo concepto: en lugar de cuál otro concepto viene. El deseo del analista es un concepto de Lacan, no está formulado en Freud como tal. ¿Por qué Lacan lo introduce? Me parece que en principio es su manera de situarlo en el lugar del concepto “ser del analista”; allí donde podría hablarse del deseo de ser analista o de alguien que se presentara diciendo ‘se trata de ser analista’, Lacan propone el deseo del analista. Es una vez más una crítica a la ontología. Lacan hace sus juegos en francés, ontotología, y a mí se me ocurrió uno en castellano, ontontología, el error tonto de alguien que pueda decir ‘yo soy analista’. Eso no excluye que uno pueda interrogarse sobre el deseo de ser analista. Ese deseo de ser analista implicará que cada cual en su análisis recorra las marcas que lo acercan y lo alejan de su función.

El camino no es unívoco. En el post-freudismo lo que ocupó el lugar de lo que Lacan llamó el deseo del analista, fue el concepto de contra-transferencia. Por ejemplo, si ustedes leen el texto de un gran psicoanalista argentino inscripto en la escuela kleiniana, León Grinberg, su texto sobre la supervisión dice que en la contratrasferencia del analista, el conjunto de los efectos, ideas, pensamientos, sentimientos que el analista percibe en la sesión con sus pacientes se puede registrar en dos variantes: las trabas propias del analista y los efectos en el analista del decir de su paciente.
Existen grandes psicoanalistas, como Strachey en la historia del post-freudismo, y en la Argentina muchos analistas lo han tomado y lo siguen tomando como hasta hace poco este analista que desgraciadamente ahora está enfermo, persona muy culta, muy capaz, Mauricio Abadi, cuya idea del fin de un análisis es la identificación con el analista puesto en el lugar del ideal. Si el analista está puesto en el lugar del ideal es porque se supone que transitó suficientemente su análisis como para poder decirse que es un analista. Creo que a estas posiciones que no son desechables ‘in toto’ - no se trata de decir que todo esto está equivocado, requiere la necesariedad de un tamiz- es a lo que Lacan intenta responder con la cuestión del deseo del analista. Cuando digo que no nos manejemos al modo talibán es porque, por ejemplo, en una entrevista que le hicieron a François Dolto, que es alguien que nosotros valoramos, le preguntaron cómo pensaba ella el final del análisis de un analista, contestó refiriéndose a su propia experiencia: ‘mi análisis culminó cuando descubrí que las marcas de mi historia no hacían obstáculo a mi práctica como analista’.
Lacan intenta avanzar introduciendo un concepto nuevo que implica sus relaciones no siempre simples, a veces problemáticas, que redefine otros y modifica si es un concepto importante, el campo de la teoría. A tal punto fue así que centrado en este concepto, el deseo del analista, se produjo una polémica hace pocos años en París, que lamentablemente llevó a una de las últimas escisiones en el psicoanálisis lacaniano. Me refiero a la que surgió en Espace analytique, la institución que fundaron Octave y Maud Manoni y también Patrick Guyomard y que culminó en el enfrentamiento entre Patrick Guyomard y Maud Manoni, a raíz de un libro que en castellano se titula “El goce de lo trágico. Antígona, Lacan y el deseo del analista”. Tuve oportunidad de presentarlo en Buenos Aires a pedido del autor Patrick Guyomard quien critica duramente a Lacan. Voy a leer una cita sobre la polémica que gira en relación a este concepto para que veamos que no es simple; por otro lado, sabemos que todos los conceptos lacanianos cuando uno los interroga no son simples y muchos de ellos están enhebrados de tal modo que admiten más de una lectura. Dice así:

Del pequeño Hans a Herbert Graf . Juan Carlos Cosentino.

En 1972, la revista Opera News publica en cuatro entregas (5, 12, 19 y 26 de febrero) una entrevista que Francis Rizzo le realiza a Herbert Graf (2).

Nos enteramos, a poco de comenzar, que se trata, ya adulto, del pequeño Hans.

En el centro del círculo progresista de la Viena de 1903 surge su padre, Max Graf: musicólogo, crítico, erudito en literatura y estética, analista político, hombre universal y, al mismo tiempo, auténtico vienés. Para Herbert: “un hombre extraordinario”.

Miembro del círculo íntimo de Freud, vale decir, de la Sociedad Psicológica de los Miércoles por la Noche, es el primero en llevar el método psicoanalítico al estudio del proceso creativo en su trabajo Wagner, el holandés errante, publicado en Schriften zur angewandten Seelenkunde. Como orador de la reunión científica del 11 de diciembre de 1907 presenta para su debate, en relación a dicho proceso, la “Metodología de la psicología de los poetas”.

La referencia a su cura documentada por Freud en 1909 como Análisis de la fobia de un niño de cinco años es comentada cuando Max Graf, un temprano defensor de sus teorías, es presentado, también, como el primer analista freudiano. “Freud me hizo un examen preliminar y luego dirigió el tratamiento con mi padre como intermediario”.

No recuerda nada de su cura hasta años más tarde, cuando se encuentra de casualidad con el artículo de 1909 en el estudio de su padre y reconoce algunos de los nombres y lugares que Freud había conservado sin modificación. Cuenta entonces con 19 años.

Un poco antes, a los 16 años, a raíz de una tarjeta de presentación que le da su padre, Max Graf, dirigida a su viejo amigo Arthur Kahane para asistir a una función de Reinhardt, se inicia un cambio concluyente en su vida.

Luego de saborear por primera vez la magia de Reinhardt quiso ver mucho más que una sola función e imitó con otras tarjetas varias veces la letra de su padre: -“llegué a ver casi tres meses de producciones”-.

Cuando llegó el momento de regresar a Viena y visitó a Arthur Kahane para agradecerle por su gentileza es descubierto: “(...) no tenía necesidad de copiar su tarjeta; le habría dado las entradas de todos modos”.

Luego del verano de Reinhardt, y a pesar de estar avergonzado por el episodio con Arthur Kahane, “quiere llegar a ser” régisseur: “fue el momento decisivo de mi vida”.

La profesión de director de escena de ópera, tal como sucede ahora, no existía en ese entonces. “Es más -comenta H. Graf- no había escuela, ni indicaciones para su estudio. Tuve que inventarla. Sentí que era mi misión hacer por la ópera lo que Reinhardt había hecho por el teatro hablado”. Muy pronto intenta duplicar las maravillas que había visto en la ópera, primero con un teatro de juguete que construye en su casa con la ayuda de su hermana y luego, en producciones en la escuela.

Tres años después se produce en el estudio paterno el encuentro inesperado con el articuloAnálisis de la fobia … . Visita a Freud y se presenta, en un estado altamente emotivo, como el pequeño Hans. Pero ya había comenzado, a partir de ese momento decisivo, a servirse de los “restos” de la antigua fobia. “Por azar”, su vida profesional corre paralela a la aparición del director de escena. De modo que al contar su propia historia, a la vez, traza “el curso cambiante de la práctica operística moderna”.

LA TRANSFERENCIA DEL SINTOMA. Juan Carlos Cosentino.

Se ha señalado que para Freud la transferencia se introduce en el psicoanálisis bajo la cobertura de la repetición. "¿Es necesario recordar su asombro ante los falsos enlaces (Verknüpfung) de los que es soporte necesario?"

La transferencia "permite el desplazamiento de las representaciones inconscientes sobre la persona del analista facilitando la repetición. Queda por interpretar esta transferencia para que la repetición dé lugar a la rememoración. Así, en 1905, la posición de Freud es clara: la transferencia, destinada a ser el máximo escollo para el psicoanálisis, se convierte en su auxiliar mas poderoso cuando se logra adivinarla(erraten) en cada caso y traducírsela al enfermo" (1).

Mientras el escollo se constituye como suma de excitación pero permite como "hipótesis auxiliar" el desplazamiento de las representaciones inconscientes, Freud considera que su solución es accesible y compete sobre todo al arte de interpretación: "adivinar, reunir y comunicar en el momento oportuno lo inconsciente oculto para el enfermo" (2).

Sin embargo para que la transferencia quede determinada por la repetición simbólica hace falta que para Freud cambie previamente el estatuto del inconsciente y con dicha modificación —cuando el inconsciente es igual a lo reprimido— que caiga el psicoanálisis como una teoría del recuerdo.

Neurosis infantil y neurosis de la infancia. Isabel Goldemberg

Voy a tomar dos recortes clínicos que por ser análisis tempranos nos permiten pensar el concepto de neurosis infantil, así como el tiempo de la constitución subjetiva, legitimando a mi gusto el lugar del analista en la clínica con niños.

Si la neurosis comienza con una pregunta, en el primer caso, esta estuvo del lado del analista. Por qué J no hablaba, se trataba de una inhibición, una psicosis, la pregunta era por el diagnóstico. Lacan se pregunta por el síntoma del mutismo en un sujeto que se supone hablante. Si habla, como de hecho ocurrió con esta niña, está curada del síntoma, pero esto no explica por qué empezó a hablar.

Los padres consultan porque J no habla, tiene casi tres años. El padre aparece bastante ausente, silencioso. La madre no para de hablar, se la ve angustiada, molesta porque su hija no cumple con lo esperado por ella. De J dicen que es independiente a la vez que mimada, se comporta como un bebé. Es comparada con su hermano, pocos años mayor que ella, éste es el depositario del brillo fálico. J lo usa de traductor, y a veces de padre sustituto.

En sucesivas entrevistas lo que se escucha es el rechazo de esta madre por J, no acepta su retraso, lo vive como una agresión. De J dice: el problema con ella es que tiene un lenguaje aniñado.

Voy a tratar de armar una secuencia, secuencia que se escribe en una pizarra al estilo de la pizarra mágica, donde se juega el juego de la presencia-ausencia. Primero son rayas, palotes, del orden del trazo sin límite, que se escriben en la pizarra, en ella, en el diván, etc.

Entra al consultorio sin discontinuidad, sin diferencia. La operación del analista está dirigida a establecer una secuencia, una repetición, señalando la desaparición de la marca: no está, Luego es la huella de su mano alternada con la del analista. Aparece un esbozo de figura en donde la boca aparece rayada o señalada. Comienza a nombrarse a sí misma pero en tercera persona, no se descuenta. La operación del analista está dirigida a hacerle falta hasta que la discontinuidad se instala en la transferencia. Aparece el no, ya no del lado del mutismo en acto sino en la transferencia: “no gusta Abel”. No quiere entrar a sesión, comienza a hablar en media lengua usando el final de las palabras. Por medio del garabato escribe su nombre, se nombra. Aparece la pregunta, qué es esto?, pregunta por dónde está la madre o el padre.

El hermano es un tema que ocupa muchas sesiones. Se pone en escena cuál es su ubicación en el deseo del otro y cómo se juega esto en relación al lugar ocupado por este hermano en el deseo materno.

Falta a sesión por primera vez. A la sesión siguiente se niega a entrar, se muestra enojada, se envuelve en la cortina. Le digo que está enojada pero la que faltó a la cita fue ella y que yo la estuve esperando. Pide ir al baño a hacer caca. Se introduce un nuevo elemento, una pelotita de plastilina que va y viene entre ella y yo, se abre un espacio diferente. Toma la pelotita, le saca un pedazo y dice: esto es caca. Aparece en sus juegos y dibujos, el padre la madre y el hermano. El hermano como sol que sistemáticamente se rompe o se tira. En otra sesión jugamos a tirar un cochecito, ella en el suelo con las piernas abiertas, el cochecito le pega entre las piernas, exclama: pito no. Deja de jugar y dice: pito Agustín, dibujame un pito, lo borra y dice: no está. Pide que le dibuje las dos manos, corta papel, lo arruga y lo tira por el balcón.

Lo anal y lo escópico en el Hombre de los lobos. Carlos J. Escars

En lo que sigue trataré de situar, en relación al famoso caso freudiano del Hombre de los lobos, dos dimensiones:

I) la dimensión del erotismo anal, tal como Freud lo expone explícitamente en el historial, con sus diferentes valores; y

II) la dimensión de lo que podríamos llamar el erotismo escópico, tal como Freud no lo expone explícitamente en el texto, pero tal como lo podemos rastrear en el material que nos es relatado allí, y, sobre todo, tal como aparece en lo que puede ser considerado como una secuela del tratamiento del Hombre de los lobos con Freud: su análisis con Ruth Mack Brunswick.

I

Freud no siempre habla de lo mismo cuando se refiere al erotismo anal. En el historial del Hombre de los lobos encontramos al menos tres modos distintos de tematizarlo:

1) Lo primero que salta a la vista en el texto es el amplio desarrollo acerca del valor del objeto anal y sus equivalentes. Dos textos de la época pueden ponerse en relación con éste para apreciar el sentido de este modo de tematización: “Sobre la trasposición pulsional, y especialmente del erotismo anal”, de 1917, en donde desarrolla el erotismo anal en relación al complejo de castración, y algunas de las adiciones de 1915 a los “Tres ensayos...”, fundamentalmente dos: aquella en la que despliega en términos análogos al historial que nos ocupa lo que allí llama los diversos “significados” (Bedeutungen) de lo anal (Freud 1905, 169), y aquella en la que enumera las teorías sexuales infantiles (Ídem, 178). Esta dimensión de lo que podemos llamar las equivalencias fálicas del objeto anal está muy presente en el caso del Hombre de los lobos, tanto que Freud, podríamos decir, se engolosina con ella (véase Freud 1914-18, 67/68). Se engolosina, arriesgamos, tanto en la exposición como en el tratamiento mismo, ya que esta es la dimensión en la que queda coagulada la transferencia en el caso del Hombre de los lobos. Freud analiza la transferencia del Hombre de los lobos (no en el sentido del análisis sino de lo anal), esto es, deja que tome una dirección en donde la demanda se hace en parte simétrica, y donde la relación se convierte en un intercambio de dones: “yo te doy, vos me das”, con toda la ambigüedad que este par de opuestos evoca. Dos ejemplos: Freud le sugiere a su paciente, según relata éste en sus memorias, que al finalizar el tratamiento le haga un regalo: “Freud era de la opinión de que al finalizar un tratamiento un regalo del paciente podía contribuir, como acto simbólico, a aminorar se sentimiento de gratitud y su consiguiente dependencia del analista” (Gardiner, 1971, 174). El Hombre de los lobos, siempre obediente, cumplió. Le regaló, como marca de ese análisis, una figura egipcia de mujer, lo cual está en consonancia con lo que se jugaba para él en la transferencia. “Veinte años más tarde —recuerda el ex-paciente— hojeando una revista, vi una fotografía de Freud en su escritorio e inmediatamente me llamó la atención 'mi' egipcia, la figura que para mí simbolizaba mi análisis con Freud”. Por otro lado, unos años después, en 1918, cuando el Hombre de los lobos vuelve a consultar, es Freud quien regala: por lo pronto, un ejemplar autografiado del famoso caso del Hombre de los lobos, y como si esto fuera poco, una beca para varios meses de tratamiento gratuito con él mismo entre 1919 y 1920. Unos años después, incluso, organiza una colecta para mantener a su ex-paciente, cuya fortuna había desaparecido a causa de la Revolución Rusa.

Pero no voy a demorarme demasiado aquí, para no deslumbrar con lo vistoso de esta dimensión de lo anal.